Y la Historia se Repite, el Problema de la Tierra en Bolivia (SPanish)
(Publicado en el periódico La Razón 30 de Agosto, 2005)
Martín Mendoza Botelho[1]
Ya bien lo había mencionado el célebre ideólogo socialista peruano Mariátegui en sus Siete Ensayos que el régimen de propiedad de la tierra determina el régimen político y administrativo de toda nación. La tierra para nosotros los bolivianos tiene un especial significado, ya que es el origen y destino de nuestras vidas. De ahí venimos y hacia allí vamos. La Pachamama para la mayoría de nosotros representa más que un factor económico productivo, es nuestra savia de vida. Si bien la revolución del 52 logró cierta armonía entre los ideales comunitarios de los Andes y la reforma agraria, aun arrastramos ese ejercicio social incompleto.
Pero que pasa en la otra Bolivia, la Bolivia del oriente. Una vez mas la historia nos muestra como nuevamente creamos distorsiones económicas y sociales, cuyas repercusiones serán sentidas por generaciones. Pero el problema no esta en refugiarse en la retórica socialista del pasado, sino en comprender el actual sistema económico que dicta la realidad. No hace falta reflexionar demasiado para reconocer que el grave problema de la tierra, como siempre, es el de la propiedad. Bolivia, como nación debe reconocer la co-existencia de múltiples sistemas económicos que acceden a la tierra, los cuales muchas veces compiten por este limitado recurso y aunque todavía nos sentimos orgullosos de tener una de las densidades poblacionales más bajas del planeta, lastima el observar como este bien es apropiado por un reducido numero de privilegiados. Una vez más, no se trata de alterar los sistemas de producción económicos o de frenar un crecimiento basado en la agricultura tecnificada, sino en establecer reglas económicas y sociales claras para su uso y explotación.
Pero cual es el camino. En primer lugar debe acelerase el proceso de consolidación y transferencia definitiva de la incompleta reforma agraria en el occidente. Esto significa un respeto a las estructuras productivas existentes tales como el Ayllu, la cooperativa o el sindicato. Esta por demás mencionar que esta no es una tarea fácil, tal como lo demuestran los limitados logros en la implementación de la Ley INRA y los diversos programas de saneamiento de la propiedad. Por ejemplo, la titularización de tierras debe ser sensible a los requerimientos de quienes la ocupan.
En segundo lugar, esta claro que el sistema de producción del oriente tiene una marcada orientación capitalista en cuanto a utilizar la tierra como factor productivo, lo que puede llevar a la sobre-explotación del recurso en busca de maximizar la rentabilidad en el corto plazo. Por lo tanto, lo que se trata es de regular una distorsión típica de un sistema capitalista. Entre otros reducir el monopolio de la propiedad rural (limitando la cantidad de tierra que un solo individuo pueda poseer), la promoción de propiedad colectiva organizada (mercados de tierra), y favorecer el asociativismo rural como medio de explotación. También se deben eliminar las distorsiones en cuanto a promover cierto de tipo de cultivos con fines de exportación sobre otros que fuesen más rentables para los mercados domésticos. Esto significa, limitar las distorsiones que se generan a la estructura de mercado en el campo, tales como los subsidios indirectos a grandes terratenientes disfrazados como fomentos de exportación, o la cada vez creciente dependencia alimentaria generada con los programas de asistencia y donación de granos, las cuales siguen lastimando la producción agrícola básica.
Por supuesto que este problema es mucho más complejo que estas simples ideas sueltas y bien conocidas por los que siguen este tema, pero lo importante es comprender que en esencia este es un problema económico con profundas raíces sociales, con sus claras diferencias en un país tan diverso como el nuestro. Si lo que se busca es lograr mayor bienestar de los ciudadanos, entonces es hora de que se dé al campesino la posibilidad de utilizar un factor económico hasta ahora sub-utilizado, por supuesto aprovechando la fuerza del capital social existente en las comunidades del occidente y la pujanza económica del oriente.
[1] Candidato a doctorado de la Universidad de Cambridge e idealista boliviano empedernido.
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